Ernest Hemingway narró en Adiós a las armas una historia de amor entre un soldado y una enfermera en la Italia de la Primera Guerra Mundial, contienda de la que se cumplen en este 2014 cien años desde su inicio. En un determinado momento de la novela, cuyo título viene de un verso del poeta inglés George Peele, aparece un capellán originario de Capracotta. Capracotta es un pueblito de Los Abruzos de menos de 1000 habitantes, así que aparecer en una novela de todo un premio Nobel debe ser motivo de orgullo a sus habitantes. Pero Capracotta, además del pueblo natal de un cura de ficción, fue también la cuna de Erasmo Iacovone, futbolista desconocido para el público internacional, mito rossoblú y dueño de una breve vida tan trágica como la del joven e idealista Frederick Henry, el soldado de “Adiós a las armas”

El seis de febrero de 1978, Erasmo Iacovone tiene 26 años, juega en Serie B, en las filas del Taranto. Es uno de los jugadores más queridos por la hinchada de un equipo que lucha por aquel entonces en los primeros puestos y sueña más que nunca con la ansiada Serie A. Ese día  tras enfrentarse a la Cremonese acepta la invitación de un amigo y acude a ver un espectáculo de cabaret. Después del espectáculo, decide ir a cenar. En la carretera nacional que une Tarento con Lecce, en la punta de Italia, en ese sur maltratado y mágico, el coche de Iacovone se cruza con un Alfa Romeo robado que está siendo perseguido por la policía. En la espectacular huida no puede evitar embestir el coche del futbolista. Iacovone muere en el acto. Tarento, tantas veces conocedora del sabor de la amargura, se vuelve a vestir de negro.

Tarento, tantas veces conocedora del sabor de la amargura, se volvió a vestir de negro con la muerte de Erasmo Iacovone.

Erasmo Iacovone había nacido en la primavera de 1952 en Capracotta y comenzó a jugar al fútbol en el OMI Roma de Serie D y en la Triestina, de aquellas militando en la Serie C. Un futbolista más del infracalcio, ese fútbol de categorías inferiores crudo y desagradecido. Muy lejos de las portadas que en aquellos años 70 ocupaban los Zoff, Bettega y otras estrellas de la época.El duro camino por las categorías inferiores de Iacovone continuo en el Carpi con quien asciende de serie D a serie C. Allí en esta localidad de Módena, coincide con Tommaso De Pietri, que ejerce de segundo entrenador, y que será en el futuro el máximo artífice de su fichaje por el Taranto.

El Mantova será desde el año 74 al 79 su última parada hasta llegar a Tarento. El equipo sureño paga 400 millones de liras por su traspaso, una inversión considerada desproporcionada en aquella época. Pero Erasmo se adapta como un guante al equipo rossoblú  y con sus goles logra una tranquilizadora novena posición para la humilde escuadra apulense. Marca ocho goles en 27 partidos. Iacovone no era el jugador más talentoso del mundo, ni de Italia y ni siquiera de su propio equipo. Por ejemplo, en aquel Taranto jugaba Selvaggi, que acabaría resultando campeón del mundo en 1982. Pero Erasmo tenía un talento innato: el remate de cabeza y un esfuerzo e ilusión inagotable.Un soldadito fiel de un equipo pequeño de Italia que en la delantera tienen que bregar con duras defensas, ocasiones aisladas y más de un vez el aislamiento total. Tener una y tener que marcarla. Tener una y tener que marcarla para sobrevivir.

La temporada 77-78 fue especial para la ciudad de Taranto y su club de fútbol. Petrovic, Giovannone, Cimenti, Panizza, Dradi, Nardello, Gori, Romanzini, Iacovone, Selvaggi y Turini era el once de gala de un equipo que acariciará el ascenso a la serie A. Una semana antes del accidente de tráfico que acabaría con la vida del joven Iacovone, el Taranto se situaba segundo a dos puntos del líder Ascoli. El propio Erasmo comandaba la tabla de máximos goleadores junto a Pellegrini, del Bari, y Palanca, del Catanzaro Tras la muerte del delantero, quizá por la tragedia, quizá porque, simplemente, tenía que ser así, el sueño del ascenso se esfumó rápido. El Taranto acabó aquel curso en octavo lugar. “GliIonici” jamás han jugado en Serie A y nunca volvieron a estar tan cerca como en aquel amargo febrero. En 1985 el club fue declarado en quiebra. Intentó resurgir con otros nombres hasta su total desaparición en 1993. Ese mismo año un nuevo equipo se fundó, el A.S Taranto 1906 que sólo pudo durar, por problemas económicos hasta 2012.

Hoy en día, el calcio en la ciudad pertenece al Taranto Football Club, la enésima refundación de un club que transita con más pena que gloria en la serie D, la quinta división del fútbol italiano. Su estadio, de casi 28.000 asientos, se llama Erasmo Iacovone, como aquel delantero, como aquel sueño fugaz. Unas 15.000 personas acudieron a un funeral en febrero de 1978 y hoy el nombre de Erasmo sigue siendo recordado, homenajeado y respetado en toda Tarento. La felicidad  fugaz, la belleza que dura poco es, muchas veces, la más eterna de todas.

Fuente imagen principal: Facebook homenaje Erasmo Iacovone.

*Homenaje de la hinchada del Taranto el 17 de febrero de 2013, el día del 35 aniversario de la muerte de Iacovone.