Nicolò Barella (7/02/1997, Cagliari) es otra de las perlas sin acabar de pulir que tiene Italia. Sin los contextos adecuados, posiblemente algunas de esas perlas no acaben de explotar del todo, ni puedan brillar todo lo que su núcleo aspira, algo que le ocurrió en cierto modo la campaña pasada a Barella con Diego López. El uruguayo apostaba por un juego directo, en busca de la cabeza o el pecho de Pavoletti y a partir de ahí ganar duelos y generar ventajas a la máxima altura posible del campo rival, un contexto de juego que no acababa de favorecer a un Barella que realmente intervenía poco en el juego por el poco tiempo que el balón pasaba en el suelo.

El problema fue que hubo cualidades de Barella que no se podían ver con tanta asiduidad como podría gustar, y es que el hecho de que existiera poco la búsqueda del pase entre líneas y se premiara el balón largo, con pocos toques, penalizó al joven futbolista sardo, dado que su presencia en la creación se limitaba bastante, al igual que su participación en el juego, donde acabó siendo más reconocible por sus tareas de recuperación, de dar el pase de seguridad en el inicio de la transición rápida o de sumar su llegada desde atrás, que por su capacidad de generar juego, asociarse y participar, por el poco tráfico de balón que había por la medular. Sin embargo no todo fue malo, y es que gracias a esto mejoró mucho en su capacidad de cazar balones muertos y posicionarse en el verde.

Ya de la mano de Rolando Maran, la situación cambia. El contexto es mucho más favorable, pasan más balones por el suelo y tiene mucho más protagonismo para explotar su enorme talento

Ya de la mano de Rolando Maran, la situación cambia. El contexto es mucho más favorable, pasan más balones por el suelo y tiene mucho más protagonismo para explotar su enorme talento. Ahora tiene la posibilidad como interior, -pero con responsabilidades en la construcción-, de bajar a recibir, distribuir y abarcar más zonas del campo en las que participar, moverse entre líneas y pisar zona de ¾ con sus habituales llegadas. La incorporación de Lucas Castro le ha ayudado a poder encontrar un compañero que se mueva sin balón, que con él conduzca y divida el campo. Con Bradaric, un pivote en el que apoyarse y jugar en pocos toques. La clave del equipo es clara, estirarse, encontrar espacios por dentro cuando sea posible sin machacar en exceso el juego, generar densidad ahí y ante todo, amplitud y profundidad con laterales muy largos ante la ausencia de extremos. Mucha búsqueda del espacio por fuera para encontrar hombres que lleguen de segunda línea, y obviamente a Leonardo Pavoletti en el área.

Embed from Getty Images

Sin embargo, Barella ya ha demostrado no arrugarse ante nadie. Tiene un carácter bastante tangible y volcánico. Es por ello que en su corta trayectoria en Serie A, donde suma 69 partidos, ha visto 25 tarjetas amarillas y haya sufrido dos expulsiones. Un jugador con mucha capacidad creativa, pero también con mucha personalidad –es capitán a sus 21 años-, tanto para crecerse en el campo, como para bajarse al barro. Su salto a un equipo de más nivel no parece lejano, ya que por competitividad, nivel y sacrificio defensivo –dónde es un recuperador muy aprovechable- le acercan cada vez más a las altas esferas de la tabla.

En clave Italia, Mancini ya le ha convocado para ir con la selección italiana, por donde ha pasado por todas sus categorías inferiores

En clave Italia, Mancini ya le ha convocado para ir con la selección italiana, por donde ha pasado por todas sus categorías inferiores. En aspectos creativos, casa bastante bien con la propuesta del seleccionador azzurro de tener jugadores con capacidad de lanzar transiciones rápidas y, además, ser aseados en tareas defensivas. Si los contextos le siguen favoreciendo, Barella es un nombre a apuntar de cara a la próxima Eurocopa y a tener muy en cuenta para el próximo mundial.

Fuente imagen principal: Getty Images.