Il Divino Codino. Así era apodado una de las mayores leyendas que ha sacado al escaparate el fútbol italiano y cuyos ecos de técnica, calidad, verticalidad y magia todavía retumban en los estadios del país transalpino. Un futbolista que rompió con lo tradicional y apostó tanto por un fútbol más versátil como por la figura de jugador polivalente; dejando, a un lado, el cerrado sistema del catenaccio. Roberto Baggio (Caldogno, Vicenza, 18 de febrero de 1967) cuenta con una trayectoria envidiable en una carrera futbolística que se forjó única y exclusivamente en Italia. Pasando por Vicenza Calcio, ACF Fiorentina, Juventus de Turín, AC Milan, Bologna, Inter de Milán y Brescia Calcio. Además, con el aliciente de tener múltiples títulos, tanto individuales como colectivos, y de haber sido internacional con Italia gran parte de su carrera.

Durante muchos años, la Serie A se ha caracterizado por la facilidad que existe a la hora de intercambiar cromos entre los grandes de la categoría. Traspasos característicos como el de Bonucci al Milan, el de Pjanic a la Vecchia Signora o el argentino Gonzalo Higuaín, que en un margen de cinco años se ha enfundado las zamarras de Napoli, Juve y AC Milan mientras generaba una circulación de grandes cantidades de dinero. Estos fichajes son claros ejemplos de cómo se mueve el mercado en Italia. El resultado habitual es el inconformismo que florece entre las aficiones que se ven perjudicadas y desprotegidas al haber sufrido la pérdida de su jugador fetiche. Por eso, el fichaje de Baggio por el conjunto bianconero no iba a ser una excepción.

La Serie A se ha caracterizado por la facilidad que existe a la hora de intercambiar cromos entre los grandes de la categoría. Traspasos característicos como el de Bonucci al Milan, el de Pjanic a la Vecchia Signora o el argentino Gonzalo Higuaín, que en un margen de cinco años se ha enfundado las zamarras de Napoli, Juve y AC Milan

Tras una temporada sensacional en el aspecto individual, donde registró 19 goles en una Fiorentina que acabó en el puesto 13 del campeonato doméstico, l’attacante despertó el interés de grandes equipos de Italia mientras elogios procedentes del planeta futbolístico le rodeaban. Mientras, la Juventus llevaba cuatro temporadas sin ganar el Scuddetto, por lo que el objetivo de volver a hacerse con el título de liga se convirtió en una obsesión. Imperaba la necesidad de armarse para conseguir su particular objetivo.

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Roberto Baggio era el hombre idóneo. Un ‘9’ que se caracterizaba por ser un depredador de área, que iba a ser la referencia arriba de la Azzurra en el Mundial de Italia y que, pese al intrascendente puesto en la tabla de los viola, ratificaba, mediante sus cifras, que era un seguro de gol. Era una evidencia que su incorporación a la Juventus iba a elevar el aspecto cualitativo de los de Turín. Por lo tanto, el fichaje debía acometerse.

Roberto Baggio era el hombre idóneo. Un ‘9’ que se caracterizaba por ser un depredador de área, que iba a ser la referencia arriba de la Azzurra en el Mundial de Italia y que, pese al intrascendente puesto en la tabla de los viola, ratificaba, mediante sus cifras, que era un seguro de gol

El 18 de mayo de 1990 se hacía oficial lo que durante varias semanas eran rumores: El ariete de la Fiorentina iba a ser traspasado a la Vecchia Signora por una cantidad estratosférica -2.200 millones de pesetas- y firmando un contrato de cuatro años con un salario de 160 millones de pesetas por temporada. Un paso importante en la carrera del italiano a sus 23 años, y una apuesta de la Juve con la esperanza de que diera resultados a corto plazo. Siendo, a su vez, el fichaje más caro de la historia por aquel entonces. Sin embargo, con lo que nadie contaba era con que esa salida iba a generar una situación de conflicto casi insostenible.

Días atrás, la Juventus había ganado la final de la Copa de la UEFA frente a la Fiorentina (3-1) en un partido que decepcionó a toda la tifosi viola. Y para variar, cuando se formalizó la salida de Baggio hacia el equipo turinés, el delantero italiano hizo unas declaraciones que recitaban lo siguiente: “¿Por qué la Juve? Porque así lo ha decidido el presidente. No me dieron otra opción”. La sensación general entre los fanáticos de la Fiorentina era que la Juventus les había humillado por partida doble. Ellos se hicieron con el título de la UEFA y ficharon a un diamante en bruto. Al que era su ídolo. Al jugador al que le rindieron pleitesía durante sus encuentros en el Artemio Franchi. La situación era incómoda, y la frustración derivó en una oleada de violencia en la capital de la Toscana.

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Aproximadamente mil aficionados de la Fiorentina se concentraron la noche del viernes 19 de mayo de 1990 –día en el que se confirmó la salida de Baggio- en los alrededores de la sede del club para mostrar su indignación con la decisión de la directiva. La manifestación comenzó con meras protestas, pero conforme fue pasando el tiempo, se pasó, casi de manera inconsciente, a la violencia. Objetos fueron arrojados a la sede, automóviles fueron incendiados y siluetas que portaban la casaca de la squadra viola con el ’10’ de Baggio fueron quemadas y pisoteadas una vez se hicieron cenizas. No obstante, la presencia de la policía agravó el conflicto, ya que actuaron con gases lacrimógenos ante los distintos utensilios que les lanzaban los aficionados como arma para replicar las ofensivas.

Aproximadamente mil aficionados de la Fiorentina se concentraron la noche del viernes 19 de mayo de 1990 en los alrededores de la sede del club para mostrar su indignación con la decisión de la directiva. La manifestación comenzó con meras protestas, pero conforme fue pasando el tiempo, se pasó, casi de manera inconsciente, a la violencia

El balance subsiguiente iba a estar ligado a todo lo acontecido en los aledaños del estadio de la Fiorentina con la figura de Roberto como único motivo. 50 personas recibieron diversas heridas y 51 fueron detenidas, de las cuales 36 pudieron salir sin cargos. Además, lo sucedido iba a generar inseguridad y miedo debido a que dicho conflicto pasó a pocos días del comienzo del Mundial en Italia, obligando al Estado a aumentar los dispositivos policiales y de seguridad.

Actualmente, Roberto Baggio es recordado por todo lo positivo que dejó al fútbol italiano. Sus inéditas características y facilidad a la hora de colocar el esférico en el fondo de las mallas fue el legado que dejó a las nuevas generaciones que florecían con la intención de adquirir su herencia. Su figura aún perdura, pero todo lo que generó su fichaje por la Juventus difícilmente será olvidado.

Fuente imagen principal: Getty Images.