’Gracias Roma. Gracias a mamá y papá. Gracias a mi hermano, a mis parientes, a mis amigos. Gracias a mi mujer y a mis tres hijos. Quise empezar por el final, saludando, porque no sé si seré capaz de leer estas pocas líneas en unos minutos. Es imposible contar 28 años de historia en tan pocas frases, me gustaría hacerlo con una canción o con una poesía, pero yo soy incapaz de escribirlas, he intentado en estos años expresarme a través de mis pies’’

¿Cómo puede ponerse uno a redactar un texto sobre Francesco Totti? ¿Qué cosas deben decirse, qué factores hay que tocar, qué momentos hay que recordar? ¿Hay que centrarse en el fútbol, o hay que hablar de su legado, quizás mejor contar su historia de amor, pero… y si rememoramos sus goles? Todas estas preguntas las tengo dando vueltas por mi cabeza ahora mismo. Sabiendo el qué pero no el cómo.

Cuando en el backstage de la redacción de SoyCalcio.com salió la idea de escribir un tema libre, un servidor se reveló al instante y propuso hacerlo sobre Francesco. No sabía dónde me había metido. Fue un impulso. El corazón me obligaba a alzar la voz. Mi yo de 14 años salió por un momento. Pero… Totti es Totti. Lo trasciende todo, no se le puede dedicar un perfil como los demás. Al fin y al cabo, sería faltarle al respeto, ¿acaso él fue como los demás en algún momento?.

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Totti es un capítulo aparte. Totti es Roma. Fue Roma, es Roma y será Roma. Para los siglos de los siglos. Es Roma y es la Roma. Que no es lo mismo. Es el mayor de los símbolos de una sociedad deportiva y el máximo de los exponentes de una ciudad con un pasado glorioso. De una ciudad con un listado interminable de hijos predilectos, de emperadores, gladiadores y monarcas. Y allí, entre ellos, destaca un tipo que aparentemente se ha pasado toda su vida dándole patadas a un balón. Parece un chiste, como esos que suele contar él mismo, pero al final la explicación es verdaderamente sencilla de comprender: Totti es ese chico de 12 años que está chutando contra la pared en las calles contiguas al mercado de Testaccio, preocupado porque el vecino de turno no llame a la policía tras haberle roto media ventana. Es ese estudiante al que se le dan mal prácticamente todas las asignaturas y sólo espera la hora del recreo para salir al patio a jugar al fútbol, ese adolescente que pinta grafitis con cánticos romanistas, que va por las esquinas escribiendo Lazio merda y que los domingos está de pie en la Curva Sud entonando el Forza Roma alé, voglio solo star con te. Totti es todo lo que son esos niños. Esos niños aman a Totti porque lo saben, saben que al fin y al cabo es uno de ellos, uno di noi, como les gustaría decir. Sólo con una diferencia. Con una pequeña diferencia. Esa que es la mayor de las suertes que un romano y romanista puede tener. El don. Tener ese don y tener el privilegio de poder representar a los tuyos, de poder representarte a ti mismo, de poder defender eso que consideras tu casa, tu club, delante de la gente por la que te partirías la cara para verlos felices. Es entonces cuando te das cuenta de que precisamente tú, ese niño que de pequeño iba al estadio con la bufanda para ver jugar a Bruno Conti, es el referente de todo un pueblo, de tu pueblo. Eres tu propio ídolo, porque sabes que podrías estar alentando desde afuera y en tu sitio podría estar otro niño, que tú seguirías animando.

Totti, antes que futbolista, estrella internacional y referente mundial, fue hincha de la Roma

Porque Totti, antes que futbolista, estrella internacional y referente mundial, fue hincha de la Roma. Y siempre siguió siéndolo. Esto, lo siento mucho amigos y amigas, es lo mas grande que puede existir. El fútbol es esto. El fútbol es defender lo tuyo, con los tuyos, con el equipo de tu corazón y con la hinchada que tantas noches de gloria te ha regalado. Saltar al terreno de juego para hacer feliz a tus amigos de toda la vida, a tus padres, a ese profesor que tuviste en el instituto y sabes que es hincha de la Roma hasta la médula, al fontanero que vino la semana pasada a arreglarte la caldera, al peluquero donde llevas a tus hijos. El fútbol es un deporte para crear vínculo, para formar comunidad, y esto Francesco lo entendió a la perfección.

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No eligió la ruta común, y la decisión no era sencilla. Lo sabe él, lo sé yo y lo sabe todo el mundo, si Totti hubiese decidido irse al Real Madrid, por poner un ejemplo, estaríamos hablando de él como uno de los mejores de la historia, con Balones de Oro, ligas, Champions y Mundiales en su palmarés. Pero al final hay decisiones y decisiones, los hay que las toman pensando en su carrera, otros que las toman pensando en su bolsillo y en el bienestar de sus próximas tres generaciones, y los hay que las toman con el corazón, y en pleno siglo XXI encontrar a un sujeto que se decante por la última opción, es hablar de alguien en peligro de extinción. Porque… ¿De verdad creéis que él cambiaría cualquiera de los títulos habidos y por haber por ese que levantó esa tarde de verano, en ese 17 de Junio de 2001, bajo la luz de la ciudad eterna? ¿De verdad alguien cree que ese Scudetto con el equipo de su corazón lo cambiaría por compartir vestuario con Figo, Zidane, Ronaldo… y ganar cuatro ligas mas? Ignorantes.

Hay victorias y victorias. Algunas se demuestran en forma de trofeo, otras con la nominación a un premio individual, pero Totti eligió la que quiso, eligió trascender en la memoria de millones de tifosi, eligió ser el mayor referente del equipo de su vida. Quizás algunos lo tratarán de poco ambicioso, de descerebrado, pero al final él obtuvo la victoria. La que quería: reinar en sus barrios. Su victoria personal.

Llegados a este punto, año y medio después de su retirada es complicado recordar a Totti y que lo primero que se te venga a la mente sea su forma de jugar, sus registros anotadores o sus jugadas para el recuerdo. Al final, si tuviese que explicarle a alguien quien es Totti lo último que haría sería centrarme en su juego, caer en lo trivial, no se lo merece, tiene miles de highlights dedicados en Youtube, hay infinidad de repeticiones de su panenka contra Holanda en la Eurocopa del 2000, o de su ‘cucchiaio’ en el Meazza contra el Inter. De sus 26 tantos en la campaña 2006/07 convirtiéndose en bota de oro, de sus actuaciones en el Mundial que conquistó bajo la noche de Berlín, o de sus clases de fútbol en el barro de Parma, Palermo, Genoa o Verona. ¿Cómo carajo pueden preguntarme por Totti y que mi respuesta sea que fue un fenomenal delantero, muy móvil, con una facilidad pasmosa para generar ventajas a sus compañeros y a si mismo, con gran posicionamiento, enorme disparo, juego entre líneas, desborde, fantasía pura en el último tercio, imaginación y rebeldía, y que sus últimos años los vivió en la mediapunta lanzando a sus compañeros. Cómo carajo voy a decirle eso?. Francesco era una forma de vivir y de sentir. Han habido futbolistas excelsos, mas la capacidad para transmitir no la han tenido todos.

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Todo queda documentado, qué gran suerte esta. Porque la nostalgia del presente cada vez que jugaba Totti era un factor intangible pero muy vivo en el aficionado. En el aficionado y en el no tan aficionado. Ahora mismo, hablando única y exclusivamente desde el corazón, un corazón que por cierto no pertenece a la Roma, en la última campaña de Totti cada momento que podía disfrutarlo sobre el verde era un recuerdo imborrable. Tener esa sensación tan agridulce de estar presenciando los últimos momentos de un mito, de un coloso, de una leyenda. Saber que el día tan temido iba a llegar por mucho que quisieses lo contrario. Disfrutar un simple control, un mero pase horizontal, saber que quizás era el último, saber que en 30 años dirías ‘’joder, ojalá poder volver atrás’’. Fue un enorme privilegio verle jugar, pero nada me molestará mas que no haber vivido sus años de máxima esplendor por un simple problema generacional. Nos quedarán los DVDs al fin y al cabo, nos quedaran los DVDs y nos quedarán los recuerdos de un pueblo entero.

La nostalgia del presente cada vez que jugaba Totti era un factor intangible pero muy vivo en el aficionado

Este texto, escrito desde lo mas profundo de mi corazón para uno de los mayores ídolos de mi adolescencia, sólo intenta explicar que en esto del fútbol, quizás lo romántico es lo bonito, y a romanticismo nadie ganó a Francé. En una época donde quedarte en el club de tu corazón y de tus orígenes parece pecado capital, todavía hay unos pocos que quieren seguir suministrando esencia y pureza a este bonito deporte. Él fue uno de ellos.

Fue un placer, Francesco. Pero no te perdonaré nunca la noche que me hiciste pasar el 28 de mayo del 2017. Tu último baile. Qué llorera, cabronazo.

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Ningún futbolista ha sido tanto para un club como Totti para la Roma. Décadas y décadas de fútbol, de clubes y de jugadores. Nadie. Absolutamente nadie ha trascendido de tal forma en una metrópolis como Totti lo hizo en Roma. Qué ciudad Roma, orgullosa y popular como ninguna.

Esta es la preciosa historia de amor de un niño, romano y romanista, con el único sueño de defender los colores de su vida, los de sus padres y sus amigos, y que por el camino terminó convirtiéndose en inmortal bajo la luz de la ciudad eterna, la ciudad que le vio crecer. En su casa. Con su gente. Dignificando este maravilloso deporte como sólo él sabía hacer.  Daje, Francé.

‘’Siempre estaréis en mi vida, ya no podré emocionaros con mis goles pero mi corazón siempre se quedará con vosotros. Ahora bajo las escaleras, entro en el vestuario donde entré por primera vez siendo un niño y os dejo ahora que soy un hombre. Sono orgoglioso e felice di avervi dato 28 anni di amore. Vi amo

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