Si hay algo que caracteriza al fútbol italiano, además del corazón que se pone en el terreno de juego, es la mentalidad táctica. Italia fue la cuna de los sistemas defensivos que dominaron el Viejo Continente en la década de los 60. Pero…. ¿Cuáles fueron los orígenes de esta forma de juego que se han convertido en el estandarte del fútbol italiano de cara al extranjero?

Si pensamos en Brasil, nos viene a la cabeza el jogo bonito; en cuanto a los Países Bajos, el fútbol total es su bandera; y si hablamos de España, todos visualizamos el tiki-taka que coronó a la Roja. Pero… ¿Y qué hay del catenaccio, un estilo de juego amado y odiado a partes iguales?

El catenaccio es la seña de identidad del fútbol italiano de cara al extranjero. Nació en los años 30, alcanzó su cúspide en los 60 y se ha extendido hasta los tiempos modernos, como recurso rompedor con los ideales actuales. Un estilo cuya historia contaremos en SoyCalcio, en esta serie de cuatro partes.

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La palabra catenaccio significa ‘cerrojo’ en italiano. La prensa italiana acuñó este nombre al estilo más popularizado en Italia por aquel entonces, que se caracterizaba por una fortaleza defensiva sin precedentes. Hasta ahí, todo bien, pero profundicemos un poco más.

Este sistema se basa en la mentalidad defensiva que deben tener la mayoría de los futbolistas en el campo. Más allá del riguroso cierre que llevan a cabo los defensas, el mediocampo también suele presentar una especial tendencia a cortar el juego. Sin embargo, siempre se necesita un centrocampista con salida de balón y reparto de juego que mande balones al ataque.

La figura de los atacantes también es muy importante. El juego ofensivo del catenaccio es el contraataque, así que se necesitan delanteros con gran rapidez. Ya sean los extremos en un 4-3-3, o la doble punta en un 5-3-2, también deben tener una gran capacidad de definición, ya que tienen muy pocas ocasiones durante los partidos, por lo que deberán aprovecharlas todas.

No obstante, la línea clave es la defensiva. Un equipo que no posea una zaga sólida de garantías, no puede practicar el catenaccio. Tradicionalmente se busca tener un futbolista más que la línea de ataque rival. Esto facilita que un zaguero pueda realizar las funciones de líbero, y haya un jugador extra que acuda a la ayuda en caso de que un defensa sea superado.

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El catenaccio pretende realizar una persecución férrea al rival, hasta el punto de “ahogarlo”. Por ello, en la mayoría de los casos se realiza un marcaje al hombre, abandonando el concepto más recurrido del marcaje zonal. Así, el líbero puede minimizar los daños en situaciones en las que un jugador defensivo pierda su marca.

Aunque fue en Italia donde empezó a expandirse, realmente no fue allí donde nació, sino en Suiza. El precursor de esta idea fue Karl Rappan que, como entrenador del Servette, ideó desde 1932 un sistema de juego llamado verrou (cadena, en francés).

En aquella época, en Europa predominaba el sistema ‘WM’ que Herbert Chapman, técnico del Arsenal, había patentado. Era un esquema tácticamente elaborado para su época, y empezó a dar frutos muy pronto. Por ello, Rappan decidió buscar un sistema que se opusiera a aquella ‘WM’. La táctica se desactivaría mediante la contratáctica.

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De la pizarra de Rappan y sus múltiples experimentos salió un comando claro: todo el equipo, desde los defensores hasta los atacantes, se volcaría en defensa cuando los rivales tuvieran el balón. Puesto que la mayor virtud de la ‘WM’ eran las fases ofensivas, Rappan buscaba explotar las cualidades defensivas de sus jugadores. Además, de aquel Servette salió el primer atisbo de la figura del líbero, que se convertiría en un pilar del catenaccio en su apogeo. Y lo hizo gracias al hecho de tener un jugador adicional en la defensa.

Prácticamente todos los equipos de la época usaban un módulo con tres delanteros. El innovador esquema de Rappan recogía una defensa de cuatro, algo inédito por  aquel entonces. Dado el marcaje al hombre que requería el verrou, siempre habría un defensa que no tendría un atacante al que marcar.

Rappan entrenó al Servette durante tres temporadas, ganando dos ligas. Después se hizo con los mandos de la selección nacional de Suiza, a la que logró clasificar al Mundial de Francia 1938. Esta fue la primera vez que el verrou se presentó ante los ojos del fútbol internacional.

Unos años después, el verrou hizo las maletas y llegó a Italia, donde fue rebautizado como catenaccio. Fueron dos hombres los encargados de acoger este estilo en sus libretas: Giuseppe Viani y Nereo Rocco. Este último es el protagonista de la siguiente parte, en la que la fiebre del catenaccio empieza a extenderse por el país transalpino.