El presidente más ‘loco’ del fútbol: Massimo Ferrero

¡Nuevo vídeo! ¿Quién es Massimo Ferrero y por qué ha hecho méritos para ser considerado el propietario / presidente más ‘loco’ del fútbol…? Hoy os presentamos al actual dueño de la Sampdoria. Esta es su historia.

Os lo contamos en nuestro canal de YouTube:

El malogrado amor entre Erling Haaland y la Juventus

Mucho antes de que Haaland se convirtiese en el delantero letal que todos conocemos hoy, sus inicios estuvieron a punto de dar un giro de 180º. El Salzburgo fue el equipo que le puso en el escaparate de la Champions, pero meses antes de llegar allí pudo haber aterrizado en Italia. Concretamente, la Juventus tuvo literalmente en su mano el fichaje de Haaland en 2018.

Prácticamente todos hemos tenido uno de esos amores que no llegan en el momento justo de nuestras vidas. Un amor que, a pesar de los sentimientos, no puede ir adelante por diferentes circunstancias. Son amores que también traspasan la barrera del fútbol, con un gran ejemplo en la historia de la Juventus y Erling Haaland hace tres años.

El club piamontés intentó realizar secretamente una operación que hoy conocemos gracias a ‘Grand Hotel Calciomercato’, el libro del periodista Gianluca Di Marzio. Y es que la Juve acordó el fichaje de Haaland con el Molde. El noruego estuvo muy, muy cerca de ser ‘bianconero’.

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Para entenderlo todo tenemos que volver el calendario tres veces atrás. En diciembre de 2017, Tore André Petersen, ex futbolista noruego y cercano a la familia Haaland, convence al agente e intermediario Lodovico Spinosi para proponerlo a un equipo de la Serie A. Comienza así la ronda de contactos de Spinosi con los grandes transalpinos.

Spinosi comienza llamando a Sabatini, entonces director deportivo del Inter, que rechaza la opción ante su inminente adiós al club. También lo propone a la Roma. En el seno ‘giallorrosso’, sin embargo, no todos creen que hacerse con ese tal Haaland, jovencísimo e inexperto, sea una buena idea. Otro ‘no’ para el noruego.

Con la Juventus todo cambia. Spinosi cuenta a la directiva turinesa: «Hay un delantero buenísimo: marca, sonríe siempre y no siente la presión, a pesar de tener 16 años y jugar en el primer equipo». Federico Cherubini, responsable del área juvenil, decide comprobarlo con sus propios ojos.

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La reacción es más que positiva. Cherubini inmediatamente contacta con el Molde, y poco después toma un avión a Noruega para negociar personalmente. El directivo de la Juventus consigue convencer a Haaland para que viaje a Italia y visite las instalaciones del club ‘bianconero’.

Así es como la Juventus consigue llevarse a Erling Haaland a Turín, aunque sea una mera invitación de cortesía. El joven atacante, en plena adolescencia, visita la Continassa y el resto de instalaciones de la ‘Vecchia Signora’. Incluso asiste como espectador al Juventus-Inter, programado para esa misma semana, que termina en tablas sin goles.

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El ‘blitz’ a Turín consigue que la familia Haaland prometa el ‘sí, quiero’ a la Juventus. Sí, Haaland estuvo a punto ser futbolista de la Juve hace unos años. Pero todo se torció a la hora de la verdad: el club ‘bianconero’ frenó la operación por cuestiones económicas.

Tras negociar con el Molde, que pedía de primeras 5-6M€, ambas partes llegaron a un acuerdo: 1,8M€ fijos más 5M€ en objetivos. Pero la Juventus, que ya pensaba en el fichaje de Cristiano Ronaldo pocos meses después, decide cancelar el fichaje de Haaland para no caer en un desequilibrio financiero a largo plazo.

Finalmente Haaland se quedó con la miel en los labios. El delantero seguiría en el Molde hasta pasar al Salzburgo, y de ahí al Borussia Dortmund. El club germano se llevó al atacante por 20M€ en una de las mayores gangas de los últimos años. ¿Qué pensará la Juve al ver a Haaland triunfar en Europa, después de dejarlo escapar en el último momento?

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Vida y obra del catenaccio (IV) Diáspora

El Catenaccio como tal se cimentó en la década de los 60 gracias a los superlativos equipos que crearon entrenadores como Rocco o Herrera. Pero desde entonces, ha habido muchos equipos que, inspirados en la vena triunfadora de este estilo, han tratado de seguir sus pasos. Hablaremos de ellos en el último capítulo de ‘Vida y obra del Catenaccio’.

Ya hemos conocido cómo el suizo Rappan ideó el Catenaccio (aunque de primeras lo llamó verrou), y cómo Helenio Herrera y Nereo Rocco construyeron equipos fabulosos usando este sistema. Pero, ¿qué pasó después? ¿Qué fue del Catenaccio que llevó a Milan e Inter a reinar en Europa?

Los grandes entrenadores no pasaron por alto dicha estrategia, extrovertida para la época. Por ello, vistos los buenos resultados que había dado al Inter de Herrera y al Milan de Rocco, muchos de ellos decidieron implantarla en sus equipos. Eso sí, hay que hacer un apunte: apenas surgieron catenaccios puros, más allá de los de Rocco y Herrera. Y es que el Catenaccio, más que un avance en la táctica, fue un avance en la ideología. Los aficionados y los técnicos descubrieron la posibilidad de conseguir la victoria volcándose más en la defensa que en el ataque.

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Una de las claves de esta evolución del Catenaccio, y quizá la más importante, fue la desaparición de la figura del líbero. El líbero era un jugador esencial en los sistemas ultradefensivos de mediados del siglo XX. Un jugador ‘comodín’ capaz de salvar la papeleta a los defensas, o incluso con cualidades para sacar el balón jugado y conectar con el mediocampo.

Poco a poco, los líberos sobre la pizarra fueron perdiendo peso. Los entrenadores preferían sacrificar este rol con tal de ganar un hombre más que aportase otra función en un rol fijo, ya fuera en la defensa o incluso en el centro del campo. Es el principal quid de la transformación del Catenaccio, impulsada por varios equipos históricos.

El primer equipo del que hay que hablar es el Estudiantes de la Plata de finales de los 60. El equipo argentino tomó un estilo surgido al otro lado del Atlántico para vivir una de sus épocas más gloriosas. Además, esencialmente por la proximidad cronológica, fue uno de los ‘catenaccios’ más puros en cuanto a táctica. No solo eso, sino que esta escuadra llevó el pensamiento del Catenaccio al extremo. A Estudiantes se le recuerda por ser uno de los equipos más duros de la historia. Más de un jugador era víctima de este ‘juego sucio’ que Estudiantes usaba como parte de su juego.

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El Estudiante de Zubeldia, considerado por muchos uno de los grandes maestros del fútbol, demostró ser un equipo ganador a pesar de las controversias que generaba. Las malas lenguas futbolísticas desprestigiaron (quizá demasiado) a este plantel, pero lo cierto es que el equipo platense fue tricampeón de la Libertadores bajo el mando de Zubeldia.

El Catenaccio también triunfó en el panorama internacional. Tres décadas después, una heroica Grecia se coronaba campeona de Europa contra todo pronóstico. El combinado mediterráneo estaba liderado por Otto Rehhagel, uno de los genios del fútbol de la primera década de siglo. El técnico alemán podría considerarse el precursor del mítico “partido a partido”. Y es que la Grecia de 2004 se centró en buscar los puntos débiles de sus rivales, y conseguir aprovecharlos. Todo ello fundamentado en una contención defensiva fastuosa, que logró desquiciar uno a uno a sus rivales, hasta llegar a la final que ganaría contra la anfitriona Portugal.

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Grecia llevaba a cabo una estrategia conocida como “ofensiva controlada”. La selección helénica apostaba todo a los potenciales contraataques que pudieran surgir, confiando en la capacidad de remate de sus jugadores. Y así, buscando las contras, Grecia hizo historia en aquella histórica Eurocopa. Curiosamente, ese mismo año el fútbol vio el nacimiento de una leyenda: la de José Mourinho. Imposible no hacer hincapié en el técnico luso, que también aprovechó la aptitud defensiva de sus clubes para ser campeón. Lo consiguió, principalmente, en la primera década del siglo XXI, donde logró levantar dos Champions League.

La primera, en 2004, siendo su Porto la gran sorpresa de la edición. El equipo de ‘Mou’ se midió en semifinales a un Deportivo que venía de tumbar a Juve y Milan (4-0 a los de Ancelotti incluido). Pese a ello, los gallegos no fueron capaces de hacer gol en toda la eliminatoria. El planteamiento bastionado del Porto también fue demasiado para un Mónaco (3-0 para los lusos en la final) que vio al equipo portugués ser campeón de Europa.

Pero donde de verdad triunfó Mourinho fue en el Inter de 2010, el Inter del triplete. Para el recuerdo quedará el histórico Barça-Inter de vuelta de semifinales de la Champions. Guardiola y Mourinho, la noche y el día, cara a cara por un billete a la final. Un Inter jugando con diez jugadores durante una hora logró neutralizar al ultraestético Barça de Pep.

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El resto de la historia ya es bien conocida por todos. El Inter, finalista con un 3-2 global, derrotaba al Bayern en la final de Madrid y levantaba la ‘Orejona’ casi 50 años después. Mourinho lo había vuelto a hacer, esta vez en Italia pero con un ‘modus operandi’ que nuevamente había dado frutos.

También es digno de mención un caso más reciente: el Atlético de Simeone. Un equipo que, basado en el aguante defensivo y en el contraataque, ha alcanzado el punto más álgido de su historia. Sólo la mala suerte le dejó a las puertas de ser campeón de Europa, pero sí que ha conseguido una Liga, una Europa League y una Supercopa de Europa. Todo ello, con la misma receta táctica.

Existen muchísimos más casos, de mayor o menor repercusión internacional. Pero lo innegable es que el Catenaccio de Rappan, Rocco y Herrera ha cambiado la forma de ver el fútbol. Hay otra manera de ganar, la manera alternativa. Igual de legítima, y al mismo nivel de efectividad. ¿Más o menos bella? Lo dejamos a gusto del consumidor.

 

Luigi Maifredi: zona, fútbol champagne y una Juventus que fracasó

El AC Milan de Arrigo Sacchi cambió el fútbol a finales de los ochenta, en lo que hoy se considera una radical evolución táctica. Sacchi prescindió de las habituales marcas al hombre y de la figura del libre para hacer de la llamada zona integral su sistema de marcación. Variando y perfeccionando muchos conceptos de una Naranja Mecánica de la que admitió ser fiel seguidor, el italiano adelantó la zaga en sus equipos casi hasta la mitad del campo, juntó sus tres líneas y, con la aún poco explotada trampa del fuera de juego como elemento central, presionó hacia delante a los rivales en bloque hasta asfixiarlos dentro de una jaula con forma de 4-4-2. Al mando de un excelente grupo de futbolistas, las dos Copas de Europa ganadas permitieron que su nombre se grabase en la historia como el de un maestro revolucionario.

Antes de que Silvio Berlusconi contratase al desconocido Arrigo en 1987, este solo había dirigido en categorías menores. Fue precisamente el juego observado en los duelos coperos entre su Parma y el Milan lo que entusiasmó al mandatario rossonero. Tras haber ascendido a los parmesanos a la B, Sacchi llegó a la Seria A con 41 años y ganó el Scudetto nada más aterrizar, después de adelantar al Napoli de Maradona en la recta final del curso. Más que probablemente, este éxito inmediato permitió a un técnico desconocido continuar en un club de tamaña envergadura.

Sin cuestionar la categoría de Sacchi como entrenador, quizá la situación dada en esos meses fue lo que de verdad lo diferenció de otros nacientes técnicos que, como él, aplicaban en el calcio un estilo ofensivo y algunos métodos tácticos tan actualizados como los suyos. A diferencia de Sacchi, se trata de personajes hoy desconocidos por el aficionado internacional debido a que, poco después que él, fracasaron en su primera experiencia en Serie A como técnicos de equipos potentes, y no tuvieron una segunda oportunidad.

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El primero que pudo seguir la estela de Arrigo fue Luigi Maifredi, quien con 40 años había ascendido al Bologna a Seria A el mismo curso que el de Fusignano fichaba por el Milan. En sus primeros pasos como entrenador, a inicios de los ochenta, Maifredi había trabajado en la casa de champán francés Veuve Cliquot. Aprovechando la coincidencia, el juego rutilante y efervescente que desarrolló en su Bologna fue bautizado como fútbol champán, etiqueta que en esos años se asociaba a la gran selección francesa liderada por la estrella juventina Platini.

“Il Bologna ha practicato un gioco spettacolare voluto dalla´allenatore Maifredi”, se leyó en la prensa italiana para 1988. Los equipos de Maifredi aplicaban la zona total en un esquema 4-3-3, dibujo leído así al contar con tres delanteros, pero que sobre el campo realmente se distribuía del mismo modo que el Milan de Sacchi –quien, en ocasiones, también usó a delanteros como centrocampistas escorados. En la práctica, se trataba de un ordenado 4-4-2 lineal a la hora de plantarse a presionar en la mitad de campo contraria, que luego desestructuraba su ataque cuando tenía la posesión del balón.

“Yo no copié a Sacchi. Él en Florencia jugó con cinco en la defensa y libre. Yo ya jugaba con cuatro en línea. Fue él quien estudió a Zeman y a mí, cogiendo lo mejor”, manifestó Luigi Maifredi sobre los posibles sucesos acontecidos para 1983, en unas declaraciones recogidas por el periodista del Huffington Post Filippo Nassetti. “Los verdaderos profetas de la zona somos Galeone, Zeman y yo, con los módulos 4-3-3”, concluyó Maifredi.

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Por su parte, el propio Sacchi admite en su biografía que conoció a Zeman en un curso para entrenadores a finales de los setenta, con quien compartió charlas tácticas, pero asegura que él había bebido previamente de las fuentes holandesas y argentinas en cuanto a los mecanismos de presión o defensa zonal en línea respectivamente, funcionamiento grupal que él mismo perfeccionaría en sus primeros años.

Sobre su etapa en los juveniles de la Fiorentina durante la campaña 83/84, Sacchi cuenta lo siguiente: “Cada poco invitaba a Daniel Passarella a hablar con los muchachos. Eran encuentros importantes durante los cuales hablaba del juego en zona que había practicado con la Argentina de Menotti. (…) Sobre todo quería que los muchachos conocieran las experiencias de la zona de presión argentina de la voz de su capitán. (…) En Florencia jugaban con los marcajes y el líbero retrasado. Impuse la defensa en zona en todas las secciones juveniles, porque acostumbra a pensar y a desarrollar el intelecto, así como beneficia tener una capacidad de juicio respecto del marcaje al hombre. La zona de presión conlleva una defensa activa: quiere decir que, incluso cuando los adversarios tienen la pelota, tú eres el dominus del juego. (…) Es indispensable para hacer jugar a un equipo en perfecta sinergia”.

Quizá Sacchi no lo copiase, o probablemente se alimentasen entre sí aquellos proactivos entrenadores que surgían en el calcio de los ochenta. En cualquier caso, a juzgar por las palabras de Ancelotti en su libro Preferisco la Coppa, al menos la propuesta de juego de un Maifredi ya en Serie A sí era seguida de cerca por el entrenador del Milan: “Sacchi me decía, ragassi, hay que imitarlos. El Bologna de Maifredi es el mejor equipo que existe. Sabe jugar al fútbol”.

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Junto a Corrado Orrico, los citados Giovanni Galone y Zdenek Zeman fueron los otros entrenadores que, contemporáneamente a Sacchi y Maifredi, aplicaban la zona y el fútbol hacia delante  en las divisiones inferiores italianas. Orrico ascendería al Lucchese a la B en 1990, año en que Zeman pasaría con su Foggia a la máxima categoría. “Zeman aplicará la zona más pura que se juega en Italia”, destacó la enciclopedia del Calcio de la época tras el ascenso de la Foggia. Pero antes que ellos, Maifredi y Galeone habrían tenido posibilidad de expresarse en Serie A.

Con un planteamiento en zona que defendería de los críticos asegurando que se trataba de “diez minutos para explicarlo, dos semanas para prepararlo y listo”, Galeone subiría a un joven Pescara a Serie A en 1987. Ya en la máxima división, aseguraría que “en Italia hay una tendencia a limitar al jugador, que ya por sí mismo tiende a limitarse. Aprecio a Sacchi, pero creo que su zona penaliza demasiado a los delanteros”. El metódico achique del campo mediante el trazo del fuera de juego trabajado por Sacchi exigía un rigor en la línea defensiva que se entendía como imprescindible para que la idea funcionase, pero la implicación en la táctica y la presión que Arrigo exigía a sus estrellas ofensivas era, a juicio de Giovanni Galeone, la otra diferencia fundamental entre sus equipos y el de los atrevidos Zeman, Maifredi y el propio Galeone, quienes apostaban por exigir menos libreta y ofrecer más libertad de movimiento y acción a su trío de ataque. Extremo que Sacchi nunca desmintió, como deja clara la siguiente frase de su libro Fútbol total: “El jugador completo: primero el hombre y su fiabilidad, luego la técnica. En mi opinión, el talento iba en último lugar”.

Maifredi con los tres fichajes centrales (Foto de fuente propia: La Enciclopedia del Calcio)

Para 1990 Platini llevaba tres años retirado, la leyenda Giampiero Boniperti renunciaba a la presidencia de la Vecchia Signora, y entre el Milan, el Napoli y el Inter habían desbancado a la Juve como ganadores de la Serie A, toda vez que los de Sacchi dominaban Europa. Pese a que en la 89/90 los juventinos dirigidos por Dino Zoff consiguieron levantar unas Coppa y Copa de la UEFA que parecieron circunstanciales para el dueño de la entidad, el eterno Gianni Agnelli, el cuarto puesto y la situación general hicieron que este decidiese prescindir de Zoff y apostar por el joven técnico de moda en Serie A, con la esperanza de que Maifredi implantara un planteo zonal que igualase las fuerzas del imponente Milan. A través de Luca Cordero di Montezemolo, Luigi Maifredi fichó por la Juventus para la temporada 1990/91.

Quisieron darle tres temporadas de contrato, pero un honesto y confiado Maifredi solo quiso firmar una, asegurando que el rendimiento determinaría su continuidad. Para acompañar el proyecto de renovación, salieron los extranjeros Rui Barros, Zavarov y Alejnikov y en su lugar llegaron, como incorporaciones principales, uno de los mejores defensas de México ´86, el brasileño Julio César, el reciente campeón del mundo alemán Hassler y los centrales Luppi y De Marchi, que el técnico llevó consigo desde Bolonia. Pero la principal incorporación se dio en una delantera que ya contaba con el potencial goleador de Schillaci y el joven Casiraghi.  La negociación con la Fiorentina por Roberto Baggio fue intensa, y su fichaje se unió al de un prometedor Di Canio, procedente de la Lazio.

Agnelli esperaba tener a su Sacchi particular y a su nuevo Platini, pero para crear un equipo realmente competitivo quizá olvidó reforzar una zona media en la que Maifredi exigía al menos un jugador de jerarquía e inteligencia táctica. El míster pidió a Dunga, pero el más europeo de los brasileños no llegó, ni ningún otro. Un año después, el técnico se quejaría de esa descompensación entre el nivel de sus defensores y el de sus atacantes diciendo que, con lo que tenía disponible, sin duda había hecho un buen trabajo.

Ese “buen trabajo” se inició con la derrota en la Supercopa de Italia contra el Napoli. En sus años previos, Maifredi aseguró que él mismo y “otros dos o tres entrenadores hemos enseñado que Maradona debe ser marcado por todo el equipo y no solo por un hombre”. Manifestaciones que encajaban con el sentido de bloque férreo que pretendía priorizar la táctica zonal, como explicó uno de esos” dos o tres entrenadores” a los que se refiriese el de Brescia, el ya mencionado Galeone: “marcar a Maradona al hombre supondría abrir un hueco en el centro del campo”. Lo cierto es que aquel 1 se septiembre en San Paolo, la marcación al hombre propuesta por Bigon y el talento individual de Maradona  y Careca bastaron para destrozar al inexperto sistema turinés, endosándole un contundente 5-1.

Pese al batacazo inicial, la idea de Maifredi llegó a tener momentos esperanzadores, como durante la serie de victorias conseguidas en el mes de octubre, entre ellas un 4-2 al Inter de Trapattoni y un 5-0 a la Roma de Bianchi. Precisamente uno de los pioneros en usar conceptos zonales en el Calcio de inicios de los ochenta al mando de la Roma, la leyenda Nils Liedhom, aseguraría al acabar el curso que “Maifredi es el único que ha hecho la zona más pura. La Juve es el equipo que ha expresado el fútbol más agradable. Alternó grandes partidos con pruebas menos contundentes, y en el marcador sacó menos de lo que merecía”.

La posición de Roberto Baggio en el centro del campo fue criticada, debido a que en determinadas fases de los partidos Il Divino Codino quedaba muy lejos de la zona de resolución. En citas determinadas Maifredi lo hizo compartir ataque con Schillaci, y la influencia ofensiva del “10” sirvió para alcanzar la cifra de 14 goles.  El rendimiento de Hassler como escudero de Baggio y enlace entre líneas fue excelente, pero ni la labor organizadora de Marocchi ni la anotadora de Schillaci, el suplente Di Canio y un Casiraghi que se perdió varios partidos por expulsiones permitieron alcanzar cifras tolerables para un equipo aspirante al campeonato.

La propuesta de Maifredi lucía por momentos, pero en tampoco tiempo el técnico no conseguiría que un equipo con tantos cambios se estabilizase. El errático juego conllevó una crisis desde mitad de febrero hasta mitad de marzo y otra entre abril y mayo, resultados que hicieron que una Juventus que había llegado al ecuador de la Liga muy cerca del liderato se precipitase en la clasificación. Habiendo caído en cuartos de final de Coppa contra la Roma en el primer período crítico, en el siguiente llegó la eliminación más dolorosa, ya que a esas alturas parecía su tabla de salvación.

El 24 de abril de 1991, el 3-1 arrastrado del Camp Nou no pudo remontarse en casa. Una gran actuación de Zubizarreta hizo que el gol de Baggio fuese insuficiente para que la Juve batiese al Barça y alcanzase así la final de la Recopa. “Ganamos 1-0 jugando el mejor partido de los últimos veinte años”, se lamentó Maifredi.

El séptimo puesto en Serie A supuso la primera vez en veintiocho años que la Juventus se quedaba fuera de competiciones europeas. Pese a que Maifredi aseguró años después que parte de la directiva estaba en su contra, pero que Agnelli seguía confiando en él e “hizo todo lo posible para detenerme, yo me fui porque quise y no porque me echasen”, lo cierto es que la historia muestra que, en clubes de ese potencial, el tiempo y la planificación están condicionadas al resultado.

Agnelli volvería al estilo clásico del calcio, con el retorno al banquillo de Giovanni Trapattoni. El puesto de este en el Inter lo tomaría el ya referido Orrico, cuya reseña en la enciclopedia rezó así: “Orrico cree firmemente en el área, y sus jugadores tendrán que cambiar de forma y de mentalidad, completamente diferentes a las de su entrenador anterior. Por eso estará bajo escrutinio, ya que el club aspira a ganar el Scudetto”.

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Como Maifredi un curso antes, transcurrida media temporada Orrico comprobó que, para entrenadores jóvenes y singulares, a esos niveles el escrutinio es ganar o morir: no existen los proyectos a largo plazo sin que medie la victoria. Sacchi venció, siguió y se hizo histórico. Ellos perdieron, marcharon y la historia los ha olvidado.

Un texto de Javi Roldán.

 

Vida y obra del catenaccio (III) Helenio Herrera

Hablar de Helenio Herrera es hablar de un entrenador con mayúsculas. A su imponente carácter tanto dentro como fuera del campo se enlaza una de las mejores planificaciones tácticas de la historia del fútbol. Es por ello que el histórico técnico es el protagonista de la tercera parte de ‘Vida y obra del catenaccio.

Nereo Rocco, del que hablamos en la segunda parte de ‘Vida y obra del catenaccio’, fue el responsable de la llegada de este estilo a Italia. Pero al mismo tiempo, en la Península Ibérica, Helenio Herrera preparaba la competencia del famoso entrenador del Milan.

Herrera fue el artífice de la época más dorada del Inter de Milán. Con el preparador argentino al mando, Il biscione levantó dos de las tres Copas de Europa que colman sus vitrinas. Y todo ello gracias a un poco vistoso pero efectivo sistema de juego, cimentado sobre el catenaccio.

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Pero antes de ello hay que ir atrás en el tiempo, a finales de los años 40. Herrera había desarrollado en Francia su carrera como futbolista (era un defensa especialmente tosco) antes de probar suerte en los banquillos. Tras una breve experiencia en el país galo, llamó a su puerta el Real Valladolid. El equipo blanquivioleta, que militaba en Segunda División, consiguió el ascenso en la primera temporada de Herrera con un juego muy físico. El trabajo del técnico argentino atrajo la atención de un grande: el Atlético de Madrid, donde disfrutó de una etapa muy fructífera.

Con él en el banquillo, el equipo colchonero disfrutó de sus primeros años dorados. Se hizo con dos Ligas y una Copa en tres temporadas. Empezó a destacar en el viejo Metropolitano un estilo propio que tenía el contraataque como principal arma. Unos años después llegó al FC Barcelona. Allí levantó otras dos Ligas entre 1958 y 1960. Allí terminó de perfeccionar su filosofía de juego, y comenzó a mostrar sus dotes psicológicas con sus jugadores. Sus ruedas de prensa se convertían por momentos en shows, recuérdese la frase de “ganaremos sin bajarnos del autobús”.

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Pero fue en 1960 cuando llegó la oportunidad que cambiaría su vida, y la de todo el fútbol. Helenio Herrera fue contactado por el Inter de Milán. Una liga inédita para él, un país diferente, con equipos como el Milan de Rocco campando a sus anchas. ¿Podría quedarle grande el reto? Nada más lejos de la realidad. Herrera aceptó. Quiso que le acompañase desde el primer momento el azulgrana Luis Suárez Miramontes. El delantero español se convertiría en el fantasista de aquel equipo. De hecho, a día de hoy sigue siendo el único Balón de Oro nacido en España. La máquina de Herrera también contaba con Sandro Mazzola como una de las referencias en ataque. Él y Luis Suárez se convirtieron en los artilleros del Inter, que aun así se basaba en la defensa, siguiendo los principios de HH.

El técnico argentino introdujo la figura del líbero, situando a Armando Picchi como hombre más retrasado. Además, apostó por el canterano Giacinto Facchetti. Con el tiempo se convirtió en el estandarte de la zaga nerazzurra, llegando a disputar más de 600 partidos oficiales.

Helenio Herrera estuvo a cargo del biscione durante ocho temporadas, en las que ganó las dos primeras Copas de Europa del equipo lombardo. El peculiar estilo del técnico argentino inutilizó, contra todo pronóstico, al Madrid de Di Stéfano primero (1964) y al Benfica de Eusébio después (1965). El catenaccio reinó en Europa durante tres años seguidos.

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En el panorama nacional, el Inter ganó tres Scudetti en la época de Herrera, que finalizó en 1968 cuando se fue a la Roma. Allí solo ganó una Coppa Italia, antes de materializar un breve retorno al Inter en 1974 y finalizar su carrera futbolística en el Rimini y en el FC Barcelona.

Más allá de su superlativa táctica, Herrera era un entrenador especial también fuera del campo. Tenía fama de hombre duro, y no en vano: imponía una disciplina muy estricta a sus jugadores. Fue pionero en crear dietas para sus futbolistas y en introducir las concentraciones de plantilla. Helenio Herrera, en su conjunto, contribuyó enormemente a la construcción de esta filosofía catenaccista. Los vestigios de este estilo se han prolongado hasta la actualidad, siendo el molde de varios equipos triunfantes. Estos serán los protagonistas de la cuarta y última parte de ‘Vida y obra del catenaccio’.