Análisis de los rivales de Italia en la fase de clasificación de la Euro 2020

Volver a la normalidad. Eso es lo que buscará Italia en esta fase de clasificación para la Eurocopa 2020. Tras el histórico batacazo que supuso no haber estado en el último Mundial (algo que no pasaba desde 1958), la squadra azzurra desea retornar a la costumbre de siempre de estar en las grandes citas. Roberto Mancini, seleccionador italiano desde mayo de 2018, tuvo la oportunidad de utilizar la Nations League para ir haciendo pruebas. Los tetracampeones del mundo han tenido luces y sombras en su andadura en la nueva competición de selecciones de la UEFA, en la cual han quedado segundos por detrás de Portugal y por delante de Polonia.

Los focos de los italianos están ahora en el grupo J de la fase de clasificación para la Euro. La Bosnia de Dzeko y Pjanic, la Grecia de Manolas, FinlandiaArmenia Liechtenstein serán los rivales de los azzuri por las dos plazas que garantizan acceso directo a la primera Eurocopa multisede de la historia (en la cual cuatro partidos se disputarán en el Olímpico de Roma, entre ellos el inaugural). Así, importa analizar los rivales del conjunto de Mancini en esta pelea por estar en una competición que Italia ganó en 1968. El favoritismo de los del bel paese es claro, aunque la calidad de los bosnios, el oficio de los griegos y los recientes tropiezos de la squadra azzurra inviten a cautela.

BOSNIA-HERZEGOVINA I LA FUERTE ESPERANZA EN EL DEBUT 

Desde que compite como nación independiente, Bosnia nunca ha estado en la fase final de una Eurocopa (sí estuvo en el Mundial 2014). Sin embargo, la sensación es que esta puede ser una gran oportunidad de estreno para el país balcánico. Robert Prosinecki, antiguo centrocampista campeón de Europa con el Crvena Zvezda (y ex del Real Madrid, Barcelona y Sevilla), es el seleccionador nacional y, desde que asumió el puesto en enero de 2018, está dejando muy buenos resultados. Bosnia ganó de manera invicta el grupo 3 de la Liga B de la Nations League, obteniendo el ascenso a la Liga A ante la oposición de Austria e Irlanda del Norte. Es más, con Prosinecki al mando Bosnia encadenó una serie de 10 partidos sin conocer la derrota, igualando el récord histórico de la selección (una racha que terminó en el último amistoso de 2018 contra España).

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Sus principales estrellas militan en la Serie A: Edin Dzeko y Miralem Pjanic. El ariete de la Roma tiene el récord de partidos (99) y goles (55) de la selección de Bosnia, y en el combinado nacional su importancia es enorme (marcó tres de los cinco tantos del equipo en la Nations League). También el centrocampista de la Juventus tiene un rol clave en el equipo. Como en la Vecchia Signora, Pjanic mueve los hilos del colectivo en el centro del campo. En los partidos de la Nations League, Prosinecki casi siempre posicionó a Muhamed Besic (actualmente en el Middlesbrough, ex del Everton) y Elvis Saric (jugador del Suwon Bluewings de Corea del Sur) cerca del juventino en la medular.

Edin Visca (extremo que está haciendo una gran temporada en el Istambul Basaksehir, con 11 goles y 12 asistencias), Sead Kolasinac (lateral zurdo del Arsenal), Ervin Zukanovic (central del Genoa que es un fijo en la zaga) y Ibrahim Sehic (portero del Erzurum BB de Turquía, que jugó en todos los 12 partidos de Prosinecki en la selección, encajando solo tres goles) son otros jugadores importantes del equipo. Bosnia sueña con el estreno en la Eurocopa de la mano de Prosinecki, Dzeko y Pjanic.

GRECIA I CORTAR LA MALA RACHA

Campeona de Europa en 2004 (en una de las grandes sorpresas de la historia del fútbol) y presente en las Eurocopas 2008 y 2012 y en los Mundiales 2010 y 2014, la selección griega viene de años de desilusiones. Los helénicos no han logrado estar en la Eurocopa 2016 ni en el Mundial 2018, fracasos que llevaron a un carrusel de seleccionadores. Desde que Fernando Santos se marchó en 2014, Grecia tuvo cinco entrenadores, el último de ellos el actual Angelos Anastasiadis. El griego, de 66 años, sustituyó el alemán Michael Skibbe tras la derrota ante Finlandia por 2-0, dirigiendo al combinado nacional en los dos últimos partidos del grupo 2 de la Liga C de la Nations League, lo cual terminó con Grecia en un pobre tercer puesto. Antiguo futbolista internacional y campeón griego con el PAOK y el Panathinaikos, Anastasiadis es un veterano entrenador con pasos por los banquillos del PAOK (hasta en tres ocasiones distintas) o de la selección de Chipre. Conocido por ser un hombre muy religioso, su contrato, con duración de solo un año, es un mensaje claro: si no logra meterse en la Euro, sufrirá el mismo destino que sus antecesores. 

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Las principales estrellas de Grecia están en su defensa. Kostas Manolas, de la Roma, y Sokratis Papastathopoulos, del Arsenal, son los referentes de un sector que fue el pilar de los mejores equipos griegos, que siempre cimentaron sus éxitos en la zaga. También ahí juega Vasilis Torosidis, un viejo conocido de la Serie A (más de 100 partidos entre Roma y Bologna) ahora en el Olympiacos y capitán de equipo. Sin embargo, tanto Torosidis como Manolas están lesionados y fallarán los dos primeros choques del grupo, ante Liechtenstein y Bosnia. Anastasiadis solo dirigió dos partidos, por lo que es difícil valorar sus preferencias, pero es probable que el punta Kostas Mitroglou (cedido por el Marsella al Galatasaray) y los centrocampistas Kostas Fortounis (estrella del Olympiacos), Petros Mantalos (referente del AEK), Dimitris Pelkas (enganche de mucha calidad del PAOK) y Andreas Samaris (en gran momento en el Benfica) sean jugadores importantes en esta clasificación.

Grecia pide a su seleccionador que renueve la selección y apueste por algunos de los nuevos talentos, como Odysseas Vlachodimos (titular de la portería del Benfica), Leonardo Koutris (central del Olympiacos nacido en Brasil), Anastasios Donis (delantero nacido en Inglaterra, que fichó por la Juventus con 17 años y que en 2017 fue traspasado por la Vecchia Signora al Estugarda por 4 millones de euros) o Efthymios Koulouris (ariete del Atromitos que lleva 17 dianas esta temporada). El reto de Anastasiadis, el veterano de los banquillos griegos con fuertes convicciones religiosas, es claro: volver a colocar Grecia, seis años después, en un gran torneo de selecciones.

ARMENIA I MKHITARYAN… Y POCO MÁS

Desde que es nación independiente, esta antigua república soviética jamás disputó un Mundial o una Eurocopa de selecciones absolutas, y los resultados recientes no invitan a creer que ese debut pueda estar cercano. Armenia viene de una mala Nations League, no logrando el objetivo de ganar el grupo 4 de la Liga D y meterse en el playoff de acceso a la Euro (quedó segunda, por detrás de Macedonia). Es más, su andadura en el nuevo torneo de UEFA quedó marcada por la derrota, en casa, ante Gibraltar (0-1). En las últimas fases de clasificación las prestaciones tampoco fueron buenas y la selección nunca estuvo, siquiera, cerca de garantizar la plaza para un torneo de elite.

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El seleccionador es Armen Gyulbudaghyants, antiguo técnico de varios equipos del país como el Pyunik Erevan, el Banants o el Impuls Dilijan. Tras un corto paso de solo cuatro partidos por la selección sub-21, Gyulbudaghyants cogió las riendas de la absoluta en octubre de 2018. En cuanto a jugadores, no hay dudas que la gran estrella de Armenia es Henrikh Mkhitaryan. Con 80 partidos y 26 goles, el jugador del Arsenal es el máximo goleador histórico de la selección y posee un nivel futbolístico muy por encima del de sus compañeros.

Otros de los fijos del equipo son el central Varazdat Haroyan, del Ural de Rusia, el centrocampista Gevorg Ghazaryan, del Desportivo de Chaves de Portugal, o el delantero Yura Movsisyan, actualmente sin equipo pero segundo máximo anotador de la historia de la selección, pichichi de la Liga D de la Nations League con cinco tantos y que llegó a meter 18 dianas con el Spartak de Moscú en la temporada 2013-14. Para Armenia, no quedar en una de las dos últimas posiciones del grupo ya sería una evolución con respecto al pasado reciente (quedó última o penúltima en sus grupos de clasificación para el Mundial 2014, Eurocopa 2016 y Mundial 2018).

FINLANDIA I UNA NATIONS LEAGUE ILUSIONANTE, UN NIVEL INDIVIDUAL FLOJO

El equipo nórdico nunca estuvo en una Eurocopa o Mundial, pero llega a esta fase de clasificación después de una presencia en la Nations League que dejó esperanza en una mejoría de nivel. Finlandia logró el primer puesto en el grupo 2 de la Liga C ante la competencia de Grecia (a la que se vuelve a enfrentar), Hungría y Estonia. Esto significa que, en caso de que Finlandia no logre terminar esta clasificación en una de las dos primeras posiciones del grupo, jugará un playoff en marzo de 2020 contra los otros tres ganadores de grupos de la Liga C que no hayan obtenido una presencia en la Euro por la vía ‘tradicional’, garantizando el ganador una presencia en la competición. Por lo tanto, Finlandia tiene una histórica presencia en una gran competición a la distancia de dos partidos.

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Sin embargo, la diferencia de calidad individual de Finlandia con respecto a Italia es enorme. El seleccionador, Markku Kanerva, trabaja desde 2004 en la federación, siendo el entrenador principal después de algunos años en la sub-21 o como miembro del cuerpo técnico de otros preparadores. Finlandia será el primer rival de Italia (día 23 de marzo en el Friuli, en Udine) y, mirando la lista de convocados para el partido, pocos son los jugadores que compitan en equipos de nivel elevado en Europa. Ahora mismo el jugador más destacado del equipo será Teemu Puki, delantero del Norwich que es el máximo anotador del Championship, la segunda división del fútbol inglés, con 24 goles.

Lukas Hrádecký (portero titular del Bayer Leverkusen que lleva ya varias buenas temporadas en Alemania), Tim Sparv (centrocampista, capitán del equipo y bicampeón de Dinamarca con el Midtjylland) o Jere Uronen (defensa del Genk) son otros de los jugadores importantes de una Finlandia que tiene a un jugador actuando en Italia: Sauli Väisänen, central que la temporada pasada hizo siete partidos en la Serie A con la SPAL y que está cedido por el conjunto de Ferrara al Crotone, de Serie B. Finlandia, equipo sin calidad individual abundante, jugará esta fase de clasificación con la mirada puesta en la histórica oportunidad que tendrá en marzo de 2020.

LIECHTENSTEIN I EL CLÁSICO ÚLTIMO CLASIFICADO DE LOS GRUPOS

Una de las peores selecciones de Europa. Posicionada en el puesto 181 del ranking FIFA (solo Malta, Gibraltar y San Marino están peor colocadas entre los equipos del viejo continente), el conjunto del principado quedó último en su grupo en 10 de las 12 fases de clasificación que realizó (en las dos otras veces fue penúltimo). Liechtenstein viene de un registro de 10 derrotas en 10 encuentros en la fase de clasificación para el Mundial 2018, con un gol anotado y 39 encajados. En la Nations League, el escenario no fue mejor, puesto que el equipo quedó último en el grupo 4 de la Liga D (el mismo de Armenia), incluso detrás de la jovencísima selección de Gibraltar.

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El entrenador de Liechtenstein es, desde el 1 de enero de este año, Helgi Kolviðsson, un antiguo defensa internacional islandés que entre 2016 y 2018 integró el equipo técnico de la selección de su país. Liechtenstein jugará contra Italia en el próximo día 26 (en el Ennio Tardini, en Parma) y la mayor parte de los convocados juega en la modestísima liga del principado, o en las divisiones inferiores de Suiza o Austria. Las excepciones son Dennis Salanovic, extremo de 23 años que milita en el Thun (y que llegó a estar en la cantera del Atlético de Madrid), de la máxima categoría del fútbol suizo, y el centrocampista Nicolas Hasler, del Chicago Fire de la MLS (en 2017 ganó la principal competición del fútbol de Estados Unidos con el Toronto). Con un equipo compuesto en su mayoría por jugadores que no son profesionales, no caben dudas de que sería una sorpresa mayúscula si el último puesto del grupo fuese para otro equipo que no Liechtenstein. 
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Edin Dzeko, el orgullo de Bosnia

Las crónicas marcan un 6 de abril de 1992 como la fecha oficial de comienzo de la Guerra de Bosnia. Es el dato burocrático que otorga oficialidad a la destrucción de aquel país medio ficticio llamado Yugoslavia que había conseguido mantener unido durante casi cincuenta años su principal arquitecto y valedor, Josip Broz, el Mariscal Tito, como una federación socialista. Pero tras su fallecimiento, la ruptura del frágil equilibrio yugoslavo era cuestión de tiempo. El país estaba formada por diferentes nacionalidades, regiones e idiomas (serbocroata, esloveno y macedonio). La falsa calma que bajo el régimen comunista había impuesto Tito se rompió a finales de los ochenta en un conflicto avivado por nacionalistas fanáticos y espoleados por circunstancias políticas y económicas que abocaron al país a una serie de guerras que causarían más de 140.000 muertos y 4.000.000 de desplazados. El cerco de Sarajevo dentro de la Guerra de Bosnia sería por duración y crueldad el conflicto más impactante seguido a través de la televisión con pavor por la opinión pública internacional.

Allí en Sarajevo, en un sitio interminable que se prolongó cuatro años, con el ejército de la autoproclamada República Srpska y el Ejército Popular Yugoslavo asediando la ciudad, vivía y jugaba Edin Dzeko, nacido el 17 de marzo de 1986, goleador, estrella de la Roma, ex del City, ex cañonero de la Bundesliga, niño de la guerra y orgulloso bosnio. Hoy en día, Edin Dzeko disfruta, por fin, del fútbol y de la vida en su periplo romanista. Dzeko llegó a la capital italiana con vitola de estrella, un jugador de talla mundial para ser la perla de un proyecto que lleva años queriendo crecer entre la excesiva exigencia de la afición romana y la cruda realidad de que el palmarés histórico del equipo no llega ni de lejos a las expectativas de un club con una de las masas sociales más importantes de Italia. Ese primer año fue un desastre para Dzeko, que tan sólo lograr anotar ocho goles. Pero es que Edin nunca lo ha tenido fácil.

El bosnio empezó a correr tras un balón cuando era crío en las reventadas calles de una ciudad moribunda. Mientras la Avenida de los Francotiradores protagonizaba los titulares de la CNN, Edin soñaba con llegar a ser un crack del fútbol. Con ocho años, a la edad en la que el resto jugamos con muñecos y nuestra máxima preocupación es la propina que tendremos para comprar helados, Dzeko vivió la guerra en primera persona, en Sarajevo. El delantero, discreto, con una vida familiar ejemplar, evita hablar demasiado del conflicto. En alguna entrevista que ha concedido ha relatado con cierto reparo el horror continuo de las bombas o la dificultad para poder realizar tres comidas diarias. No extraña que tras el sitio vivido Dzeko afirme que “ahora no le teme a nada”. Tras los acuerdos de paz de Dayton, donde se reconoció la independencia del país, Bosnia tuvo la titánica tarea de reconstruir un país en ruina con miles de exiliados fuera que jamás volverían. Mientras Bosnia recomponía sus pedazos, Dzeko, siguió haciendo lo que mejor hacía y para lo que había nacido: Jugar al fútbol.

Una carrera que el ariete empezó en el Zeljeznicar bosnio. Curiosamente, el que es hoy en día uno de los mejores nueves del mundo en sus inicios jugaba como centrocampista creativo. Poco duró en esa posición y se reinventó en nueve puro. Pero a pesar de ese cambio, pocos apostaban por el bosnio al principio. Tenía 17 años, le apodaban Estaca y nadie en el club pensaba que iba a tener una carrera mínimamente decente. Dzeko ha contado que hasta la propia afición le insultaba. El Zeljeznicar vendió al delantero a un club checo, el FK Teplice, cuyo mayor éxito había sido ganar la Copa de la República Checa en 2003 y haber disputado la Champions en 2000. Todo indicaba que la historia de nuestro delantero iba a tener un final gris. Pero a partir de ese traspaso, a pesar de ser una liga menor, el viento empezó a soplar en dirección favorable para Edin. En las filas del Teplice, Dzeko mejoró sustancialmente su juego aéreo, que a partir de ahí sería una de sus principales cualidades, y mejoró notablemente sus cifras goleadoras. Pronto llamó la atención de varios equipos más grandes hasta que fichó por el Wolfsburgo y así en 2008, por tan sólo cuatro millones de euros, ponía los pies en una de las principales ligas de Europa.

Como si fuera un cuento de hadas, el niño de la guerra que había sido maltratado en su adolescencia se convirtió en una estrella en el primer año en Wolfsburgo. Sus 36 goles en todas las competiciones le hicieron famoso y posibilitaron que el equipo de los lobos ganará la Bundesliga por primera vez en su historia. Junto al brasileño Grafite formó una pareja de atacantes responsable de 54 de 81 goles totales del equipo en liga. Una simbiosis perfecta que catapultó a ambos a la fama. Posteriormente vino el fichaje por el Manchester City, en el deslumbrante escaparate de la Premier League, pero a pesar de sus notables prestaciones no pudo derrotar a la competencia que tenía en el club de Manchester. El nueve titular era y es, sin discusión, Sergio Agüero, y cuando la Roma en 2015 le fue a buscar, Edin se fue al Calcio en busca de minutos, goles y más sueños cumplidos. No fue nada fácil esa primera temporada y por momentos el bosnio hizo honor a su antiguo mote de Estaca. Acabó la temporada con ocho goles en liga, una cifra muy baja teniendo en cuenta que llego a Italia con cartel de estrella para marcar diferencias. Como si hubiera vuelto atrás en el tiempo, a Dzeko le dedicaron bromas y hasta videos parodiaTodo ha cambiado radicalmente este año. Dzeko suma ya 25 goles en 33 partidos y tras ese año de difícil aclimatación a la liga italiana ya es uno de sus mejores jugadores, segundo en la tabla de goleadores. No sólo las cifras son mejores si no que Dzeko se asocia ya con maestría tanto dentro como fuera del área en el engranaje que ha elaborado Luciano Spalleti. A pesar de momentos puntuales donde Edin ha tenido que lidiar con duras críticas, la carrera del futbolista a sus 32 años es de una brillantez indudable. Lejos ya de la tragedia de la guerra, las precariedades de una infancia y adolescencia transcurrida en un país que quedo devastado, Dzeko forma parte de esa élite de estrellas futbolísticas, de fama, champán y rosas. Pero no olvida lo que a principios de los años 90 pasó en su tierra.

Durante mucho tiempo cada persona que entraba en su Instagram personal para cotillear las fotos del bosnio jugando con su bebé de apenas un año, fotos en compañía de su mujer o cualquier estampa de ocio, podía percatarse de una frase de recuerdo hacia una de las grandes tragedias que tuvo lugar durante la sangrienta descomposición de Yugoslavia. Dzeko clamaba, clama, como toda su comunidad, que nunca te olvides de Srebrenica. Srebrenica era una ciudad bosnia mayoritariamente musulmana que la ONU había calificado como zona segura en la primavera de 1993, en pleno conflicto de los Balcanes. La ciudad estuvo rodeada durante casi dos años por el ejército serbio, comandado por Radovan Karadzic. El 11 de julio de 1995 las tropas serbias tomaron el enclave. Un lugar aparentemente custodiado por cascos azules holandeses cuya misión era proteger a la población civil. Srebrenica contaba con más de 30.000 refugiados en aquel momento. Cuando los serbios entraron no tuvieron piedad y asesinaron a 8.000 personas. Aunque el objetivo era aniquilar a todo varón musulmán la masacre se llevó por delante también a mujeres y niños. Un hecho que es considerado como un genocidio étnico cometido ante la pasividad de los soldados holandeses, destinados a priori a proteger a esas personas. Fue el mayor acto de genocidio cometido en suelo europeo desde la II Guerra Mundial.

Dzeko nunca ha olvidado ese asesinato en masa. Siempre ha reivindicado la memoria y la justicia para las víctimas. También ha asistido personalmente a distintos actos en recuerdo del genocidio. Srebrenica es el recuerdo perenne que Dzeko lleva siempre consigo, la cicatriz que le recuerda quien es y de donde viene. Quizá fueron para Srebrenica parte de las lágrimas que derramó el día que consiguió el que probablemente sea su éxito más querido, la clasificación de Bosnia para el Mundial 2014. Tras asegurarse el pase en Lituania con una victoria por un gol a cero en la última jornada, Bosnia se echó a la calle para celebrarlo. Fue la alegría de Dzeko y de todos los bosnios, la alegría de un pueblo herido, la alegría por los que pudieron verlo por sus ojos, la emoción por el recuerdo de los que murieron durante aquellos años de sangre y fuego. El grito más sentido de justicia y recuerdo. Fue por Srebrenica. Fue por Bosnia. Fue por orgullo y dolor.

Fuente imagen principal: MIGUEL MEDINA/AFP/Getty Images.

Edin Dzeko celebra un gol en San Siro con la Roma en un partido de Serie A disputado el 7 de mayo de 2017.