Hablar de Helenio Herrera es hablar de un entrenador con mayúsculas. A su imponente carácter tanto dentro como fuera del campo se enlaza una de las mejores planificaciones tácticas de la historia del fútbol. Es por ello que el histórico técnico es el protagonista de la tercera parte de ‘Vida y obra del catenaccio.

Nereo Rocco, del que hablamos en la segunda parte de ‘Vida y obra del catenaccio’, fue el responsable de la llegada de este estilo a Italia. Pero al mismo tiempo, en la Península Ibérica, Helenio Herrera preparaba la competencia del famoso entrenador del Milan.

Herrera fue el artífice de la época más dorada del Inter de Milán. Con el preparador argentino al mando, Il biscione levantó dos de las tres Copas de Europa que colman sus vitrinas. Y todo ello gracias a un poco vistoso pero efectivo sistema de juego, cimentado sobre el catenaccio.

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Pero antes de ello hay que ir atrás en el tiempo, a finales de los años 40. Herrera había desarrollado en Francia su carrera como futbolista (era un defensa especialmente tosco) antes de probar suerte en los banquillos. Tras una breve experiencia en el país galo, llamó a su puerta el Real Valladolid. El equipo blanquivioleta, que militaba en Segunda División, consiguió el ascenso en la primera temporada de Herrera con un juego muy físico. El trabajo del técnico argentino atrajo la atención de un grande: el Atlético de Madrid, donde disfrutó de una etapa muy fructífera.

Con él en el banquillo, el equipo colchonero disfrutó de sus primeros años dorados. Se hizo con dos Ligas y una Copa en tres temporadas. Empezó a destacar en el viejo Metropolitano un estilo propio que tenía el contraataque como principal arma. Unos años después llegó al FC Barcelona. Allí levantó otras dos Ligas entre 1958 y 1960. Allí terminó de perfeccionar su filosofía de juego, y comenzó a mostrar sus dotes psicológicas con sus jugadores. Sus ruedas de prensa se convertían por momentos en shows, recuérdese la frase de “ganaremos sin bajarnos del autobús”.

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Pero fue en 1960 cuando llegó la oportunidad que cambiaría su vida, y la de todo el fútbol. Helenio Herrera fue contactado por el Inter de Milán. Una liga inédita para él, un país diferente, con equipos como el Milan de Rocco campando a sus anchas. ¿Podría quedarle grande el reto? Nada más lejos de la realidad. Herrera aceptó. Quiso que le acompañase desde el primer momento el azulgrana Luis Suárez Miramontes. El delantero español se convertiría en el fantasista de aquel equipo. De hecho, a día de hoy sigue siendo el único Balón de Oro nacido en España. La máquina de Herrera también contaba con Sandro Mazzola como una de las referencias en ataque. Él y Luis Suárez se convirtieron en los artilleros del Inter, que aun así se basaba en la defensa, siguiendo los principios de HH.

El técnico argentino introdujo la figura del líbero, situando a Armando Picchi como hombre más retrasado. Además, apostó por el canterano Giacinto Facchetti. Con el tiempo se convirtió en el estandarte de la zaga nerazzurra, llegando a disputar más de 600 partidos oficiales.

Helenio Herrera estuvo a cargo del biscione durante ocho temporadas, en las que ganó las dos primeras Copas de Europa del equipo lombardo. El peculiar estilo del técnico argentino inutilizó, contra todo pronóstico, al Madrid de Di Stéfano primero (1964) y al Benfica de Eusébio después (1965). El catenaccio reinó en Europa durante tres años seguidos.

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En el panorama nacional, el Inter ganó tres Scudetti en la época de Herrera, que finalizó en 1968 cuando se fue a la Roma. Allí solo ganó una Coppa Italia, antes de materializar un breve retorno al Inter en 1974 y finalizar su carrera futbolística en el Rimini y en el FC Barcelona.

Más allá de su superlativa táctica, Herrera era un entrenador especial también fuera del campo. Tenía fama de hombre duro, y no en vano: imponía una disciplina muy estricta a sus jugadores. Fue pionero en crear dietas para sus futbolistas y en introducir las concentraciones de plantilla. Helenio Herrera, en su conjunto, contribuyó enormemente a la construcción de esta filosofía catenaccista. Los vestigios de este estilo se han prolongado hasta la actualidad, siendo el molde de varios equipos triunfantes. Estos serán los protagonistas de la cuarta y última parte de ‘Vida y obra del catenaccio’.